EL escrito manustrito
por José Martínez de Souza
A continuacion les expongo unos apuntes que me encontre sobre los origenes y desarrollo de la letra impresa por José Martínez de Souza:
El Escrito Manuscrito
El primer problema de la humanidad en relación con la información fue la forma de trasmitirla; después, el de conservarla. Para trasmitirla empleó primero la memoria, para lo cual se adiestraba a cierto tipo de personas que recibían este delicadísimo encargo. Así se trasmitieron de generación en generación cuentos, leyendas, mitologías, sagas y otras formas narrativas. Pero la memoria es frágil, incluso la de un grupo especialmente preparado, y la trasmisión de persona a persona altera el mensaje en función del número de estas y de la distancia geográfica y temporal.
Debido precisamente a la levedad de la palabra hablada carecemos hoy de elementos que nos permitan conocer nuestros lejanos antecedentes y el desarrollo completo de la humanidad desde sus inicios hasta el momento presente.
Así pues, la trasmisión oral, tal vez a causa, además, de sus requerimientos y limitaciones (necesitaba la presencia de al menos dos personas y era claro el riesgo de la tergiversación y del olvido), hubo de ser sustituida por un método más fiable y ventajoso, método que permitiera fijar los mensajes en un soporte duradero con un sistema de signos de interpretación generalizada. Este método no era otro que la escritura.
La invención de la escritura entendida como un sistema de signos para la representación de la palabra es relativamente reciente en la historia de la humanidad: no anterior al milenio IV a. de C.; es decir, su antigüedad no rebasa los seis mil años. Pero este hecho trascendental para la historia de la cultura no surgió de la noche a la mañana en un lugar determinado, sino que se trató, más bien, de una serie de tentativas para hallar una fórmula que permitiera dejar constancia de los hechos. Para su manifestación, la escritura necesitaba dos elementos materiales: un soporte, donde permanecía el signo escrito, y un instrumento para trazar este signo.
Los materiales escriptóreos o soportes de la escritura se dividen en arqueológicos (duros) y paleográficos (blandos); entre los primeros, la piedra (estelas, cipos, monumentos, fachadas de templos, etcétera), la arcilla (tablillas, ostracas, etcétera), el mármol y los metales (oro y plomo principalmente); entre los segundos, las hojas de los árboles (de donde se deriva folium ‘folio’, ‘hoja’), la corteza (de donde liber ‘libro’), el papiro, el pergamino, el papel y los materiales sintéticos (plástico, por ejemplo).
Intermedias entre los materiales arqueológicos y los paleográficos se sitúan las tablillas de cera, de parte dura (el soporte) y parte blanda (la cera). La separación real y efectiva entre epigrafía y paleografía es cada vez más difusa por el hecho de que ambas estudian precisamente las escrituras antiguas, si bien, como se ha apuntado, sobre materiales distintos.
Los instrumentos de escritura son asimismo de dosclases: arqueológicos (apropiados para escribir sobre materiales duros) y paleográficos (para escribir en materiales blandos). Entre los instrumentos arqueológicos se cuentan el estilete, el escalpelo o buril (stilus, graphium, que era de hueso, hierro u otro metal), el escoplo y el cincel. Entre los paleográficos, el más antiguo es la pluma de caña (calamus, canna, iuncus, arundo, fistula). El recipiente en que se colocaban las plumas se denominaba theca libraria o calamarium. Para aguzar la punta de la caña se utilizaba un cuchillo llamado scalprum. En el siglo IV se introdujo la pluma de ave (penna) (especialmente de oca), cuyo empleo se simultaneó con el de la caña, y aunque parece que los romanos conocieron y usaron la pluma metálica, esta se considera de invención moderna. Para el trazado de las miniaturas y la escritura en oro (crisografia) se usó el pincel (pennicillus).
La utilización de los diversos soportes y los utensilios, así como otros aspectos (por ejemplo, el ángulo de escritura, el corte de la pluma, etcétera), dio lugar a distintos tipos de letras, que en paleografía y tipografía reciben ciertos nombres peculiares. Por ejemplo, por el material en que se escribe, la letra puede ser lapidaria, que se aplicaba a las inscripciones en lápidas o lugares semejantes (materiales duros), y paleográfica, que se utilizaba en materiales blandos; esta podía ser diplomática o documental si se utilizaba en diplomas o documentos, y rústica o libraria si se utilizaba en libros. Por su tamaño podía ser capital, es decir, mayúscula, trazada entre dos líneas paralelas (caja del renglón), o minúscula, trazada entre cuatro líneas paralelas (se añadían dos líneas centradas a las dos anteriores), de manera que unas, como la b, d, subían, y otras, como p, q, bajaban, mientras otras, entre ellas las vocales, se mantenían entre las dos líneas centrales de la caja del renglón (esta escritura minúscula no es resultado de un cambio gradual de la escritura capital, sino una evolución que comienza a advertirse entre los siglos III y IV: la minúscula cursiva).
Por su trazo, podía ser redonda, derecha o sentada, que tenía forma recta y derecha, o cursiva, que tenía un trazo más liviano, con cierta tendencia a ligarse con las demás y a permitir una escritura más fácil y rápida. La cuadrada era una letra elegante, en la que todas las letras tenían la misma altura salvo algunas que podían sobresalir por arriba o por abajo. En tipografía el significado de la palabra cursiva varía: se aplica a la letra de trazo especial dentro de un tipo, inclinada a la derecha y de figura a veces distinta de la redonda; esta, la redonda, es, como antiguamente, la letra derecha; existen también la negrita, que pinta un trazo más grueso que el de la letra normal, que suele ser fina, y la versalita, que es una letra de forma mayúscula pero con el tamaño dela minúscula.
La escritura en un soporte arqueológico se manifestaba mediante las incisiones obtenidas con una herramienta para incidir. La escritura en soporte paleográfico, que suponía un enorme avance en relación con el anterior, necesitaba de un elemento intermedio entre el soporte y el instrumento de escritura; este medio era la tinta. La más comúnmente usada en la Antigüedad era negra, llamada atramentum por los latinos. En la Edad Media prevaleció el nombre de encaustum (tinta hecha al fuego). Debido a que en su composición carecía de elementos minerales, podía borrarse fácilmente con una esponja (spongia deletilis); sin embargo, en la Edad Media se introdujeron esos elementos minerales, por lo que el borrado era más difícil, al propio tiempo que le conferían mayor consistencia. En los escriptorios monacales había fórmulas para hacer la tinta, algunas de las cuales aparecen copiadas por los copistas en los márgenes o espacios en blanco de los códices. Aunque la tinta era normalmente negra, en las letras iniciales se empleó a menudo tinta de color, que podía ser rojo, azul o verde.
Ya tenemos, pues, al hombre dotado de los elementos necesarios para la plasmación de su pensamiento. En la escritura ideográfica, logográfica o pictográfica la palabra aparece representada por un signo único, llamado ideograma o pictograma, ajeno a los sonidos que forman dicha palabra. En el estadio más primitivo de la evolución de la escritura, el ideograma tenía valor meramente simbólico, es decir, representaba aquello a que quería referirse (así, el esquema de una cabeza de bueyrecordaba al buey, pero sin adjudicación de nombre); más adelante, la misma esquematización no solo representaba el objeto, sino que este adquiría valor fonético (una cabeza de buey se leía «buey») (escritura iconográfica).
La conjunción de dos o más ideogramas adquiría el valor de toda una frase o un pensamiento: así, para un sumerio, el esquema correspondiente a «mujer» y el de «montañas», juntos, se leía «criada», porque las criadas sumerias eran «mujeres» que ellos capturaban en los países «montañosos». Las muestras más antiguas, representando principalmente pies, manos y cabezas, fueron halladas en Sumer alrededor de cinco mil quinientos años antes de Cristo. Pero este tipo de escritura, por su incapacidad para representar fielmente las nociones abstractas y gramaticales, solo tuvo aplicación en lenguas monosilábicas. Por esta y otras razones, en el mundo occidental no conocemos escrituras que hayan permanecido a este nivel pictográfico.

